17.11.09

D'Argeroux oooooooooooo ººººº . :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 000 ººººº .......

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“Caballos blancos”

Anochecía otra vez, había sido un día malo, de esos que mejor ni hablar; le parecía mentira ya, siete años de aquel quiebre, hacía siete años ya que había decidido dejar a un lado las palabras vacías y el peso del conocimiento absoluto para aprender a cerrar la boca, aprender a escuchar, a perdonar, a que una cascada de pensamientos le desvelaran, siete años ya. Se acostó y como de costumbre usó su almohada de confesionario y empezó tal vez a delirar nuevamente, comenzó a fantasear como el silencio le había hecho costumbre.
Soñaba con una mañana similar a la de hace siete años. Dormiría largo rato luego almorzaría, su boca no se abriría en vano, en absoluto, sólo lo necesario. Negaría algunos saludos, haría las paces con sus enemigos y probablemente haría nuevos. Daría un largo paseo, el calor lo agobiaría, y decidiría sentarse bajo un árbol, haría un largo viaje para llegar al dichoso árbol y se asolearía allí leyendo durante un tiempo. Luego comería -probablemente deliraría entonces-, y esperaría allí. Quizás durante la espera escribiría esto, quizás lo hiciera antes. Entonces lloraría, recordaría el sabor de aquel amargo comportamiento que durante siete años en dos ocasiones sólo el desamor le había traído. Y finalmente llegaría el momento, como había pasado hace siete años caballos blancos llegarían llevando aquel carruaje celestial conducido por aquel oscuro carrero.
Entonces se preguntó, ¿volvería a rechazar a los caballos blancos? ¿Se convertiría nuevamente en aquél niño que hace siete años atrás paralizado por el miedo se acurrucaba entre sus sábanas y lloraba en silencio cuando sentía al terror respirarle en la nuca? ¿Lamería nuevamente la espalda de la muerte o el quiebre esta vez lo arrojaría del lado de la locura? ¿Habrían estos siete años podido convertir a la carroza en una solución más benéfica?...
Pensó que tal vez esta sólo sería una de esas malas noches; y todo lo que fantaseó se derrumbaría al día siguiente como tantos de aquellos deseos que la almohada construyó y el alba destruyó…

- Caballos blancos vuelan a mí ¿acaso al sol me llevarían para calcinar el glorioso deseo de estar vivo y ser conciente de ello?
Carrero, pues que la luz guíe a los caballos entonces…

3 comentarios:

Alvaro dijo...

Muy bellos los dibujos y el texto...Me encanta el carácter poético de "D´Argeroux".

oenlao dijo...

que bien que escribis.

jime dijo...

De lo mejor del pampeano
:)